EL RELATO DEL HIJO

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Ernesto Espeche brindó un sentido testimonio de reconstrucción y lucha. Foto: Gentileza http://juiciosmendoza.wordpress.com/

 

Ernesto Espeche dio un sentido testimonio sobre la intrincada reconstrucción de la vida y militancia de sus padres y de la búsqueda de verdad, justicia y memoria para esclarecer los delitos cometidos durante el último golpe militar.

En la audiencia del lunes 8 de junio realizada en el marco del VI Juicio por delitos de lesa humanidad cometidos en Mendoza se escuchó el testimonio de Carlos Ernesto Espeche, hijo de Carlos Espeche y Mercedes “Mechi” Vega, quienes fueron secuestrados y desaparecidos por las fuerzas de seguridad que actuaban en el marco de terrorismo estatal desplegado durante la última dictadura militar.

Carlos Ernesto Espeche es profesor en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNCUYO y director de Radio Nacional Mendoza. Es, además, un reconocido militante por los derechos humanos, con una larga lucha por la memoria, la verdad y la justicia en la agrupación Hijos por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio (HIJOS).

Espeche tenía dos años cuando, junto con su mamá y su hermano menor, se fueron a vivir a lo de su abuela materna. “A partir del año 75 mi papá tenía información de que era una persona que estaba siendo buscada. Mi mamá y mi papá acordaron la separación de hecho para protegerse mutuamente”, explicó el testigo, y, en marzo de 1976, Carlos Espeche comienza su “itinerario de clandestinidad” que lo lleva a Tucumán. El último contacto que tuvieron con él fue el 3 de marzo, cuando “mi papá llama por teléfono para saludar a mi hermano en su primer cumpleaños y prometerle que era el último cumpleaños que iba a estar lejos de su familia”.

El 4 de abril de 1976 Carlos Espeche es asesinado en la bajada de Simón de las Mesadas, en las cercanías del pueblo de Santa Lucía, provincia de Tucumán. En aquella zona del monte tucumano el PRT había instalado un campamento en el que varios militantes participan en actividades sociales. “Mi mamá recibe la información el 7 de abril de que mi papá había sido ‘muerto en enfrentamiento’. La Gaceta de Tucumán lo publicó el 6 de abril y los medios locales el 7, donde se da cuenta de que dos ‘subversivos’ habían sido muertos y uno había escapado”, relató Ernesto Espeche, haciendo especial hincapié en las comillas.

La reconstrucción de los últimos días de vida de su padre ha sido posible gracias al descubrimiento por parte del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) de sus restos en el Pozo de Vargas, una fosa común en las cercanías de San Miguel de Tucumán. “Silvia Gallego, con quien puedo establecer contacto, es quien me cuenta esta historia. Ella es quien pudo escaparse con 15 balazos en una pierna. Estuvo tres días en el monte y luego fue rescatada por los campesinos de la zona para luego salir al exilio”.

Desde el momento en que Mercedes Vega se entera del asesinato de su compañero comienza una búsqueda basada en “una versión, no sé sabe bien de dónde, de que lo trajeron a mi papá herido a Mendoza. Mi papá nunca llegó a Mendoza pero mi mamá salió a buscarlo. Entiendo que fue una forma de exponerla”, reflexionó Espeche.

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Espeche siguió su minucioso relato. “A mí me cuentan lo que pasó el 7 de junio del 76 cuando vuelve la democracia. En el fondo yo sabía que algo no estaba dicho y que no se podía hablar de eso, que algo hacía que mi abuela se encerrara en el baño todos los días a llorar”, aseveró. Por los relatos que pudo recabar de su tío y su abuela, un grupo de tareas ingresó en el domicilio y secuestró a Mercedes Vega. Nunca más se supo de ella, ningún sobreviviente ha podido aportar datos de su paso por alguno de los centros clandestinos de detención que funcionaban en aquellos oscuros años de la Argentina. En el mismo operativo fue secuestrada en su domicilio María Cristina Lillo, médica y compañera de militancia de “Mechi” Vega en el Barrio San Martín.

El Padre “Macuca” Llorens coordinaba una organización vecinal en esa barriada en la que participaban militantes de organizaciones sociales y políticas con el objetivo de trabajar con los vecinos del barrio. “El hecho de que mi hermano y yo hubiésemos sido bautizados por el mismo ‘Macuca’ en la iglesia de los pobres da cuenta de la relación cercana de mi mamá y mi papá con Llorens”.

 

Las heridas de la niñez

La infancia de los hermanos Espeche estuvo marcada por los graves hechos vividos durante 1976. En su testimonio hizo hincapié en los relatos familiares que pudo captar para ir construyendo su propia historia. Sobre la noche del secuestro de su madre, Ernesto Espeche aludió que él y su hermano estaban en la pieza durmiendo. “Yo imaginé por años, y el relato así lo indicaba, que nosotros no vimos nada ni percibimos nada. Con el tiempo, el relato familiar fue haciéndose más duro y más tangible, y supe que yo estaba sentado en la cama viendo eso. Lo más duro para mí es que yo veo cómo se llevan a mi mamá. Un niño de dos años ve cómo se llevan a su madre y al otro día no pregunta más por su mamá y al otro día tampoco, nunca más pregunta por su mamá”, dijo y dejó al auditorio con la piel de gallina.

La familia Vega vivió años de mucho miedo y silencios, “se generó en la familia materna una sensación de que en cualquier momento me podía pasar lo mismo a mí y a mi hermano, sólo por ser hijos de mi mamá y mi papá, y que la política era peligrosa, que no había que hacer política porque llevaba a la tragedia. Esa fue una de las consecuencias más terribles que ha dejado la dictadura”, opinó Espeche. En cambio, los hermanos de su padre hablaban de política “abiertamente” y relataban anécdotas de discusiones políticas en las que había participado su papá.

A partir de aquel momento, su niñez transcurrió junto a su abuela y a su tío, quienes se hicieron cargo de su crianza y de la búsqueda de Mercedes. “Cuando llegábamos con mi hermano las conversaciones se interrumpían, o empezaban a hablar en códigos de adultos que no lográbamos entender, pero yo sí lograba a entender que hablaban de un viaje a Buenos Aires, de una visita para ver un cura, de una justicia que no llegaba, de trámites infructuosos. Todo eso yo lo percibía y lo sentía”, relató. Aún así, siempre estaba la esperanza de que su mamá apareciera.

Durante su paso por el secundario evocó las oportunidades en las que se trataba el tema de la dictadura militar y muchos lo miraban a él con una complicidad social que todavía no se animaba a hablar del tema. “Era saber que durante muchos años esto era una excepcionalidad histórica que me había pasado a mí y a mi hermano”, enfatizó.

La familia materna estableció lazos con instituciones como la Iglesia o la Justicia, pero “luego se fueron diluyendo por su propio peso. Yo recuerdo a mi abuela hablar de la justicia, y decirme que esa justicia no existía” mencionó el testigo.

“¿Cómo se estructura una identidad sin ninguno de los dos padres, sin la certeza de saber dónde están, en un contexto en donde de esto no se podía hablar y en donde la información era toda disociada, disgregada, contradictoria, dolorosa?”, interpeló Espeche. Al tiempo que en la televisión hablaban de los desaparecidos como “demonios, como gente mala que hacía uso de la violencia”, miles de niños y niñas realizaron un camino de reconstrucción “a pesar de todo eso, de toda esa cultura que yo viví de chico de ‘estamos en democracia pero ojo que esto no es para siempre’, que ‘es peligroso hacer política, y mirá lo que le pasó a tu papá’. Y la verdad que cuando empiezo a reconstruir su vida militante me encuentro con dos personas que entendían a la medicina como una herramienta para afrontar los temas de las desigualdades”, señaló orgulloso.

 

Reconstruyendo a papá y mamá

Fue su tía María Elina, prima de su mamá, quien le contó que sus padres habían sido asesinados por la dictadura militar, que eran médicos y que eran muy buenas personas. “A mí me empieza a cerrar un poquito eso que sentí, ese vacío enorme de saber que algo había pero no se podía nombrar”, pensó en su momento e hizo saber al tribunal. Así supo que sus padres hicieron de la medicina una causa social y política. Trabajaron en varios barrios periféricos en atención primaria y ayudando a la organización barrial. “Trabajaron en el barrio Espejo con los vecinos de Las Heras, tratando de que hubiese agua potable para que no se enfermaran y murieran los vecinos por la contaminación. Lograron la salita y que el centro de salud tuviese médicos y se fueron a vivir allí”. Durante 1974 y 1975 vivieron en el mismo barrio en el que llevaban adelante su militancia, hasta que comenzó la persecución política.

“La reconstrucción de ellos como militantes primero tenía que ver con humanizar y con ponerle nombre a la lucha que ellos hacían para poder, desde allí, acceder a otras informaciones. Ha sido muy duro y es difícil porque ese dolor y esa ausencia nos sigue pasando todos los días. Esa dictadura que termina en el 83 nos sigue golpeando y no va a dejar de hacerlo”, reflexionó Espeche.

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El descubrimiento del EAAF de los restos de Carlos Espeche en Tucumán, junto a los de otras 60 personas, le dio a Ernesto “esa posibilidad maravillosa de encontrarme con él y el deseo de encontrarme con mi mamá en algún momento”. Aun así, esa aparición no le devuelve los 39 años de ausencia en los momentos más importantes de su vida. “La aparición del desaparecido es un acto de justicia, sin embargo no termina de anular la desaparición”, reflexionó el testigo, mientras miraba a los imputados sentados a su derecha. Luego concluyó: “aquellas causas que motivaron a esa generación a seguir luchando y buscando un mundo mejor siguen vivas, siguen latentes y uno las abraza como una manera también de abrazarlos a ellos”.

Nota escrita para Edición UNCUYO, la publicación digital de la Universidad Nacional de Cuyo www.unidiversidad.com

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